El segmento de seguros de decesos continúa consolidando su posición como el ramo de mayor expansión dentro del mercado No Vida español. Durante el primer semestre de 2026, la facturación de este ramo alcanzó un incremento del 3,79%, cifra que contrasta favorablemente con el crecimiento del 2,78% registrado en el resto de modalidades de seguros No Vida. Esta tendencia positiva no constituye un fenómeno reciente, sino que refleja una trayectoria de crecimiento sostenido que se extiende a lo largo de más de diez años.
La penetración del producto en la sociedad española es considerable. Aproximadamente el 60% de los fallecidos en territorio nacional dispone de una póliza de decesos al momento de su muerte. A pesar de este nivel de cobertura, la base de asegurados continúa expandiéndose anualmente de manera gradual, lo que indica que la nueva producción supera consistentemente las bajas generadas por fallecimiento de titulares.
Los corredores de seguros están reorientando su estrategia comercial hacia este ramo, reconociendo sus características diferenciales respecto a otros productos. Mientras que ciertos seguros de demanda presentan alta rotación y márgenes reducidos, los seguros de decesos ofrecen estabilidad operativa, una duración media extendida y potencial de rentabilidad significativa cuando se desarrolla una estrategia de volumen. Esta combinación de factores explica el creciente interés de intermediarios en posicionar el producto ante sus clientes.
La inflación actual ejerce presión principalmente sobre los márgenes operativos del sector. Las aseguradoras se ven obligadas a ajustar las primas para mantener la viabilidad técnica de sus productos. Los reajustes previstos para 2027 serán de mayor magnitud que en ejercicios anteriores, aunque las compañías buscan mantener incrementos por debajo de los niveles inflacionarios generales, condicionados por factores geopolíticos que impactan en costes energéticos y cadenas productivas.
Contexto para el sector asegurador
La fiscalidad aplicada a los servicios funerarios representa un obstáculo estructural para el desarrollo del ramo. El tipo de IVA del 21% aplicado a tanatorios, incineración y sepelio contrasta significativamente con el 10% que grava servicios hoteleros de lujo. Esta disparidad carece de justificación económica, especialmente considerando que los servicios funerarios constituyen una necesidad universal que afecta al cien por cien de la población, independientemente de su capacidad económica.
La comparativa internacional evidencia la anomalía fiscal española. Países como Italia y Portugal eximen estos servicios del IVA, mientras que Francia y Alemania aplican tipos inferiores al español. Antes de 2012, España mantenía un IVA del 8% en servicios funerarios, que fue incrementado al 21% en el contexto de medidas de austeridad. Tanto las asociaciones aseguradoras como las empresas funerarias reclaman la reclasificación de estos servicios como primera necesidad.
La entrada de nuevas compañías generalistas con ofertas competitivas en precio genera dinámicas mixtas en el mercado. La competencia incrementa la viabilidad técnica del producto y expande la cobertura poblacional, efectos positivos en términos generales. Sin embargo, prácticas comerciales insostenibles, como remuneraciones de venta desproporcionadas o comercialización de primas naturales en productos de cobertura vitalicia, generan distorsiones que perjudican la sostenibilidad del ramo y la reputación del sector.
La comercialización de seguros de decesos presenta desafíos particulares derivados de la complejidad técnica del producto y la importancia de la calidad en la prestación del servicio. El asesoramiento especializado durante la venta resulta fundamental, así como la garantía de ejecución diligente en el servicio de sepelio. Estos requerimientos plantean interrogantes sobre la viabilidad de modelos de distribución digital masiva, que podrían comprometer la calidad de la experiencia del cliente en momentos de particular vulnerabilidad.
