El Foro Económico Mundial ha publicado su índice de desarrollo turístico 2026, que evalúa la capacidad estructural de ciento diez economías para sostener el crecimiento del turismo a largo plazo. España obtiene una puntuación de 5,22 sobre 7 puntos, consolidándose como la tercera potencia mundial en resiliencia turística y la mejor posicionada en el continente europeo.
La metodología del índice trasciende métricas convencionales de visitantes o ingresos. Analiza infraestructuras, conectividad, servicios, patrimonio cultural y natural, entorno empresarial y sostenibilidad ambiental. Este enfoque integral permite identificar qué destinos poseen cimientos sólidos para afrontar desafíos futuros sin comprometer su viabilidad económica ni su capacidad de acogida.
Las fortalezas españolas radican principalmente en infraestructuras aéreas de calidad y recursos culturales abundantes. El país se beneficia de una red de transportes moderna y servicios turísticos consolidados. Estos activos posicionan a España ventajosamente frente a competidores globales en un contexto donde el turismo internacional alcanzó mil quinientos millones de llegadas durante 2025.
Sin embargo, el sector enfrenta presiones crecientes. La concentración de visitantes, la estacionalidad pronunciada, el aumento de costes operativos y la escasez de personal cualificado representan desafíos inmediatos. A nivel mundial, se proyecta un déficit de cuarenta y tres millones de trabajadores en el sector para 2035, amenazando la calidad de los servicios.
Contexto para el sector asegurador
La resiliencia emerge como factor competitivo determinante. Los destinos mejor preparados no son únicamente aquellos con mayores atractivos, sino quienes poseen sistemas capaces de absorber perturbaciones climáticas, tensiones geopolíticas, fallos infraestructurales o disrupciones en transporte. Esta capacidad de adaptación mantiene la operatividad y la confianza de los viajeros.
El informe advierte que la gestión equilibrada del crecimiento turístico constituye el verdadero desafío contemporáneo. La distribución equitativa de beneficios entre comunidades locales, la reducción de presión sobre recursos naturales y la diversificación de destinos dentro de cada país resultan prioritarios para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.
Cinco líneas estratégicas se proponen para fortalecer la resiliencia turística: diversificar la demanda geográfica y temporal, mejorar la conectividad regional, priorizar el valor sobre el volumen de visitantes, incrementar los beneficios para las poblaciones locales y desarrollar competencias profesionales. Estas medidas buscan transformar el turismo en un motor de desarrollo equilibrado y duradero.
La contribución económica global del turismo alcanzó once coma seis billones de dólares en 2025, demostrando su relevancia macroeconómica. España, como destino resiliente y bien posicionado, tiene la oportunidad de liderar modelos de turismo sostenible que equilibren el crecimiento económico con el bienestar comunitario y la preservación ambiental.
