Durante el Congreso de Mediadores 2026 celebrado en Santander, la profesión aseguradora reafirmó su compromiso con los principios fundamentales que sustentan la actividad de intermediación. El lema elegido para el encuentro enfatizaba la necesidad de mantener lo esencial mientras el sector experimenta transformaciones aceleradas. Los mediadores subrayaron que la identidad profesional debe preservarse incluso en contextos de cambio tecnológico y regulatorio sin precedentes.
La inteligencia artificial ha irrumpido en los modelos de negocio y en la relación con clientes, generando tanto oportunidades como interrogantes sobre el futuro del asesoramiento profesional. Ante esta realidad, los líderes del sector plantearon una pregunta estratégica: qué aspectos de la profesión merecen permanecer inmodificables. La respuesta apunta hacia elementos intangibles como la confianza, el criterio profesional y la capacidad de escucha que caracterizan al buen mediador.
Los mediadores demandan una regulación que equilibre la protección del consumidor con la viabilidad operativa de los profesionales. Señalan que durante años se han acumulado obligaciones, procedimientos y documentación que, en ocasiones, no generan valor proporcional. El tiempo dedicado al cumplimiento normativo reduce la disponibilidad para actividades que los clientes valoran genuinamente: análisis de riesgos, asesoramiento personalizado y explicación clara de opciones.
La competencia leal emerge como otro principio fundamental que requiere defensa activa. El sector reclama que quienes realicen funciones equivalentes de información, recomendación e influencia en decisiones de contratación estén sometidos a exigencias similares. Esta demanda no busca privilegios para la mediación, sino la aplicación uniforme de reglas que garanticen condiciones equitativas en el mercado asegurador.
Contexto para el sector asegurador
El valor del seguro ha sido erosionado por una tendencia que reduce la oferta a competencia de precios. Los mediadores advierten que esta práctica desplaza la información y el asesoramiento como elementos diferenciadores. La verdadera función del profesional consiste en ayudar al cliente a comprender coberturas, exclusiones y expectativas de respuesta. Esta distinción cobra especial relevancia cuando ocurren siniestros y se materializa la utilidad real del contrato.
La inteligencia artificial representa una herramienta que potencia capacidades analíticas y la automatización de procesos, no una amenaza a la profesión. Sin embargo, los mediadores enfatizan que ningún algoritmo puede asumir responsabilidad profesional frente a personas concretas. Cuanto más accesible sea la información y más automatizada la contratación, mayor será el valor diferencial del criterio profesional y la confianza que genera el intermediario experimentado.
El congreso reflejó un sector consciente de que la modernización tecnológica y la supervisión regulatoria son imprescindibles, pero requieren un diseño inteligente. Los mediadores no se oponen a la formación obligatoria, la supervisión o la protección del consumidor. Lo que cuestionan es la acumulación de cargas administrativas que no contribuyen proporcionalmente a objetivos de protección. Esta posición busca compatibilizar profesionalismo con eficiencia operativa.
La reunión en Santander consolidó el mensaje de que la mediación de seguros debe evolucionar preservando su esencia: la relación de confianza entre profesional y cliente. En un entorno transformado por la tecnología, la regulación compleja y la competencia intensificada, los mediadores reafirman que su valor reside en capacidades que las máquinas no pueden replicar: comprensión de contextos particulares, empatía y responsabilidad personal ante decisiones que impactan años después de su adopción.
